domingo, 22 de enero de 2017

Paginas 21-22



Despierto ante el sonido de una piedra golpeando el vidrio de mi remolque, afuera de la ventana se encuentra un compañero payaso, el cual me llamó por primera vez amigo. Me duele la cabeza por la resaca, y no sé si lo acontecido fue un sueño o fue real.
—Ten cuidado, amigo, las cosas aquí empiezan a cambiar cada cierto periodo de tiempo. Ya te darás cuenta —dijo mientras daba pasos hacia su remolque muy deprisa.
Al salir todo estaba muy silencioso y todos se comportaban de manera extraña con sus caras llenas de preocupación y consternación. Era tiempo de ensayar y estaba pensando en crearme un nuevo atuendo, así que entré al remolque y empecé a buscar cosas por aquí y cosas por allá. Todo estaba muy colorido: pelucas, grandes zapatos, pantalones enormes, narices rojas de diferentes estilos, y maquillaje profesional para payaso. En eso, entró el maestro de ceremonias, que al mismo tiempo era dueño del circo:
— ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Así como estás eres perfecto para el espectáculo! Tramp, ¡Eso eres! Sólo un payaso Tramp. No hace falta más que un retoque. Y de ahora en adelante, no podrás ensayar por ningún motivo. Ya descubrirás con el tiempo por qué… Y si no te parece, pues te puedes marchar. —Esto último lo dijo en tono burlesco.
Quedándome consternado igual que los demás, el silencio no se hizo esperar.
Traté de investigar el motivo por el cual el jefe no quiso que usara las ropas que había escogido. ¿Acaso serán muy caras? ¿Y por qué dijo que mi vestimenta era perfecta, que solo necesitaba un retoque? Ahora parezco un prisionero en este lugar.
¡Oh Dulce melancolía! Pasé los días buscándote y cuando menos me lo esperé tú me encontraste.
Ha sido el día más largo y trabajoso desde que llegué aquí. Después de una larga jornada de trabajo físico, limpiando y alimentando a los animales, me preparé para la función, que al final resultó un desastre.
En aquél momento sólo notaba como el público no paraba de reír con los otros payasos de tipo Augusto. En esta ocasión, un payaso representaba a un presentador el cuál decía:
—Bien, Amiguitos, espero que estén divirtiéndose mucho en esta tarde. Y ahora, quiero presentarles a mi nuevo compañero…
En ese mismo momento, otro de mis compañeros me dijo que me alistara, que estaban a punto de presentarme. Los nervios me invadieron enseguida, muy chiveado me escondí detrás de mi compañero.
— ¡Un aplauso para mi compañero! —entonó el payaso presentador al mismo tiempo que volteaba a verme mientras yo corría a esconderme a otro lugar. Mientras tanto, mi compañero, con mucho profesionalismo, hizo señas para que el público, principalmente los niños, le dijeran a dónde me hallaba, haciéndose el sorprendido de que no me encontraba poniendo sus manos en la cintura.
— ¿Qué pasó con mi compañero? —Volvió a entonar con la misma sorpresa bien actuada, —amiguitos, ¿apoco no lo quieren ver?
En mis pensamientos yo decía “¡No niños, no digan nada por favor!”. Y con mucho sigilo me puse a la espalda del payaso presentador, y si éste giraba su cabeza a la derecha, yo me giraba a la izquierda y viceversa.
— ¡No se preocupen! Ahorita que salga se los presentaré. ¿No lo han visto por ahí? —continuaba improvisando el acto. Mientras tanto yo les hacía señas a los niños para que guardaran silencio, con mi dedo índice puesto en mis labios haciendo Shhh. — ¿De veras no lo han visto? —Volvió a entonar el payaso presentador —Se parece a mí, bueno, también es un payaso. —Entonces, en un movimiento rápido se dio la vuelta para localizarme. — ¡No se esconda! Venga para acá que quiero presentarle a mis amiguitos —decía mientras me iba jalando al frente. Disgustado ante ese gesto dije:
— ¿Apoco sí son tus amiguitos? Si no sabes ni cómo se llaman.
—Este… pues, ¿quién sabe? ¡Son muchos!... ¡Mejor dígales cómo se llama usted! Para que lo conozcan.
Ante tal pregunta no supe qué responder pues no conozco mi nombre. Me quedé en silencio…

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