Capítulo 4
“Ángel de luz radiante”
Después
de ver aquél ser mi cuerpo quedó inmóvil, no pude decir ninguna palabra no
sabía si llorar, reír o correr; me quedé petrificado ante su presencia, tanta
belleza no podría ser humana. Con pasos lentos, muy lentos se acercó a mí, mis
manos temblorosas apretaron aún más la rosa que llevaba en mano, no sentí dolor
alguno…cada vez que se acercaba el miedo se desvanecía hasta que estuvo frente
a mí. En sus ojos vi un brillo que nunca hasta la fecha he visto en las demás personas, me dijo no
tengas miedo, su voz parecía un dulce sonido como una sinfonía de alegría, en
cada sonrisa suya un sinfín de anhelos, mis miedos desaparecieron al estar muy cerca,
en su mirada encontré esperanza y estaba llena de ternura, en sus palabras encontré
un consuelo, casi un ser perfecto, si fuera humano seria la persona más
maravillosa del mundo, pero no lo es, es un ángel de luz infinita, la oscuridad
se aleja ante su presencia, la distancia entre el ser y yo se hizo cada vez más
corta ,al ver que le observaba pensé que quería marcharse, no, simplemente me
quedo observando, di unos pasos hacia atrás y la vi en la distancia, me percate
de su preciosa sonrisa y tímidamente intente hablar.
Las
palabras no salían, solo conseguí hacer unos sonidos al intentar decir hola, después
de concentrarme lo conseguí, los nervios invadían todo mi cuerpo. Todo ocurrió
tan rápido, en un abrir y cerrar de ojos el ser se estaba alejando, está
comenzando a marcharse y no puedo moverme, no puedo hablar, ni decir una sola
palabra, quiero que se quede, se marcha, ha comenzado a darse la vuelta, se
marcha ese ser y no puedo hacer nada.
Sé
que esto no es una ilusión, sin decir adiós el ángel de luz radiante se alejó
sin voltear atrás, intenté seguirlo, pero no pude moverme, faltaban algunas
horas para que amanecía, los gallos se escuchaban muy a lo lejos, y cuando al
fin su radiante luz se desvaneció entre el bosque caí en un profundo sueño.
Los primeros rayos del sol me despertaron, estaba
en el camerino que me otorgo el dueño del circo, todo estaba normal, la soledad
me abrasara de nuevo, siento un vació dentro de mí, pero al mismo tiempo siento
como si una pequeña alegría se teñía en mi corazón, como si algo me impulsará a
conquistar sonrisas en él escenario, en cada una de las pistas de este grande Circo.
Sé que lo que vi no fue un sueño y que estoy
completamente cuerdo; los compañeros seguían con sus labores y algunos ya
estaban ensayando, los tramoyistas preparaban los materiales para que estuviera
lista la función. —¡hey tú! ¡si tú el nuevo!, podrías ayudarme a llevar esta
caja al interior de la carpa. —dijo uno de los tramoyistas gritándome desde lejos.
—Con
gusto le ayudo buen hombre le respondí.
—¿Te encuentras bien? Parece que estas enfermo, yo creo que es la resaca después de un mal vino verdad, dijo en un tono lleno de burla.
—¿Te encuentras bien? Parece que estas enfermo, yo creo que es la resaca después de un mal vino verdad, dijo en un tono lleno de burla.
—Estoy
bien desde que desperté no he consumido ni una sola gota de alcohol o alguna
otra droga que alteré mis emisiones le respondí con un acento un poco sarcástico,
solo mi cuerpo está cansado eso es todo.