El
sonido de las cadenas que me apresaban era lo único que se podía escuchar entre
todo ese silencio, la desesperación comenzaba a invadir mi ser, no sabía las
verdaderas intenciones del porque yo estaba allí encerrado, prisionero, lejos
de mi ángel de luz radiante, buscando la respuesta en aquellas palabras que
pronunció el hombre misterioso y después de un rato de repasar una y otra vez
esa conversación, de repasar estudiar la situación y esa silueta concluí que
detrás de todo esto se encontraba el señor adinerado, todo comenzaba tener
sentido, pero aun no entiendo porque tengo que estar prisionero.
Los
dos hombres regresaron muy pronto y discutían entre ellos, uno grito algo
acerca de no podrían hacer eso, otro grito que era necesario, que ya estaba
harto de vivir así y que esa era su única oportunidad de mejorar, comenzó a
tirar todo a su paso mientras su compañero le decía que se calmara.
—No
puedo creerlo, no puedo creer que vallamos a hacer eso, no lo puedo creer.
—Es
mejor que te hagas a la idea, y no hay punto de retorno, una vez que entras no
podrás salir, ya hemos sido marcados compréndelo.
—Creo
que tienes razón, aun así, es gente inocente, no podré vivir con todo este
sentimiento de culpa, tan solo ve a ese pobre hombre vestido de payaso el jefe
planea matarlo y aun así lo tratas como a un maldito perro.
—Es
solo un vagabundo desafortunado que se cruzó en este camino, además es algo que
siempre quise hacer por puro capricho, lástima que no pueda mutilar un poco a
ese hombre.
—A
caso eres un demente, ¿qué es lo que pensabas hacer? ¿Mutilarlo? No lo puedo
creer ¿qué clase de psicópata eres? Aun no puedo creer que por mi cabeza paso
el hecho de poder hacerlo, no pensé que el jefe llegara a cometer dichas
acciones, yo no podré dormir, no podré ver a los aojos a mi familia nunca más,
solo quiere lo mejor para ellos, pero sé que esta no es la manera.
—Hombre
que cosas dices, esto es un trabajo que no cualquiera realizaría, y si tú lo
haces demostraras tu hombría, y seremos sus manos derechas e izquierdas del
jefe, nos ganaríamos su confianza.
—Sea
como sea, el jefe no tardara en venir y nos preguntara ¿porque no se han caído
esas construcciones? ¿Qué le vamos a decir? ¡Esto pinta muy mal! —Tranquilo ya
se me ocurrirá algo —dijo el mozo malvado al mismo tiempo que se sentaba en una
silla—.
—Es
momento de que ese vagabundo coma algo, y si serán de sus últimas comidas, al
menos en mis manos esta que disfrute de algo bueno.
—¡Hey!
a donde llevas eso, regresa aquí con eso, es muy difícil de conseguir en estos
tiempos.
Ya
no se escuchaba que discutieran, sin embargo, me di cuenta que uno de los mozos
no era malo, y ese mozo talvez sea mi salida de este lugar; enseguida se abrió la
puerta, un mozo entro con una botella de coñac y una comida que incluía carne.
—Es
mejor que disfrutes de esto lo más que puedas, lo que viene no es personal —se marchó
después de decir esas palabras—.
Y allí estaba nuevamente el
alcohol, justo enfrente de mí, justo lo que había dejado en el pasado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario