Al
día siguiente los domadores se reían y hablaban sobre el nuevo integrante, un
payaso algo viejo dialogaba con el ahora payaso tramp después de que uno de los
domadores no respondiera a su saludo dejándole con la palabra en la boca…
Llego
la hora del ensayo para los payasos se divertían jugando y haciendo todo tipo
de bromas y desde su remolque el jefe del circo observaba el comportamiento del
vagabundo —pero que cree que hace, lo que necesito es su torpeza, así no me servirá
para mi propósito tengo que prohibirle que ensaye—.
A
través de la ventana se saludaron y dentro del vagón se escuchaba una voz que decía
repetidas veces déjalo tranquilo solo está aquí para poder comer algo…
—Después
de que cumpla su propósito supongo que ya no lo necesitaremos por aquí —esa decisión
la tomare yo y mientras pueda evitarlo no permitiré que te salgas con la tuya —sabes
muy bien que yo tengo el control y aun así piensas interponerte me haces reír —eso
ya lo veremos —muy bien, y hablando de eso… veremos cómo le va hoy en su función
después de motivarlo con su primera paga —la conversación llegaba a su fin
cuando el toc-toc proveniente de la puerta hacia acto de presencia rompiendo
toda esa tención del lugar—.
—Jefe
soy yo ¿puedo pasar? —pasa ¿qué es lo que necesitas? —usted me mando a llamar así
que vine en cuanto me avisaron —si solo quiero que le den bien de comer al
nuevo integrante —yo pensaba que me llamaba para otra cosa jefe, está bien yo
me encargo de que coma bien —muy bien puedes retirarte —al salir del remolque
el domador enfurecido por dicha petición se marchaba a regañadientes—.
—Parece
que no has comido en mucho tiempo amigo —le decía uno de los payasos a su nuevo
compañero—.
—Esta
noche será muy lluviosa, espero estén listos para los cambian que voy hacer en
este lugar, si no esto estará fuera de control, todos amontonados para comer, míralos
parecen ganado está bien que te ausentes un poco y me dejes el control a mí y
sirve que me presento formalmente con ese clown—.
Después
de la función cada quien se dirigió a su respectivo recinto, así pasaron varios
días hasta que el jefe empezó a notar que Arlechio como ahora se hacía llamar
el vagabundo salía mucho a caminar de noche, así que decidió seguirlo para confirmar sus sospechas y
si su sospecha era correcta comenzaría con sus nuevos planes el camino era demasiado
resbaloso por las lluvias, y los arbustos no permitían el paso, pero aun así el
payaso lograba atravesarlo hasta llegar a un lugar donde las rosas silvestres
de color rojo crecían en abundancia junto con los alcatraces blancos, era una combinación
rara que no es fácil de ver.
—Bien
así que este es el lugar que frecuentas, pero porque vienes aquí —pensaba el
maestro de ceremonias en turno mientras observaba con detalle como Arlechio se
sentaba a esperar a alguien; ¿quién era ese alguien? no se supo ya que ese
alguien no llego—.
Todas
las veces que el jefe le siguió por ese difícil camino evitando hacer ruido fueron
en vano hasta que en una ocasión decidió llevar un rifle con calmantes porque sentía
que lograría ver lo que había estado buscando y si así era lo atraparía.