Las
horas pasaron muy lentas, el reloj parecía no avanzar, terminé cada uno de los
trabajos que me tocaba realizar, y de nueva cuenta solo me senté en el piso a
observar como ensañan los otros actores…
El hermano menor no se encontraba por ningún lado
y eso se me hacía más sospechoso y lo más curioso porque nunca los había visto
a los dos hermanos juntos; deben ser alucinaciones mías, esa voz dentro de mi
cabeza que me da malas ideas, esa voz que me dice que pasaría si hicieras esto,
o si hicieras esto otro, lo único que aleja esos pensamientos negativos es
pensar en mi ángel de luz radiante y el estar ocupado en los deberes sin pensar
en nada.
Esta
vez soy el encargado de llevar provisiones para el gran circo, mientras camino
por esas calles desoladas dentro de mis pensamientos puedo ver claramente el
ataúd de mi sueños, la luz de las velas es muy tenue,
los rezos produciendo el eco entre las paredes, las flores que creían adornar mi ataúd lo hicieron ver aún más triste, reacciono para darme cuenta que sigo vivo y que voy caminando entre la sociedad que etiqueta lo que creen que somos, traigo puesto el maquillaje para ocultar mi verdadero ser, las lágrimas que comienzan a fluir no son suficientes para limpiar mi alma; veo a un niño que ríe frente a mí, con una mirada inocente pide que le regalen un caramelo, y del bolsillo derecho que aun esta sin romper, saque una paleta, la estaba guardando para regalarla a mi ángel de luz, las miradas de la gente no se apartaron de mí, la madre lo agarra de la mano y de un jalón impide que le dé el caramelo he intenta golpearlo, me quede inmóvil ante tal acción ¿el niño no tiene la culpa de su inocencia? al intentar hacer reír al niño, el ángel de luz hizo acto de presencia al otro lado de la calle, al parecer nadie más lo pudo notar solo el niño se percató también de ello, en su carita inocente se reflejó felicidad, comencé hacer la rutina de la noche anterior, un poco de esto, un poco de aquello, el niño comenzó a reír, la gente se acercó a ver el acto, hice algo de lo que aprendí viendo a mis compañeros, un poco de magia y acrobacias, por primera vez me aplaudieron y sin causarme ningún daño, el recuerdo de esos sueños dolorosos se fue junto con el tiempo. ¿Dónde fue mi ángel de luz? Al ver su radiante belleza me di el valor para realizar tal hazaña, removiendo la oscuridad que rodea mi corazón yo también comencé a reír. La madre se quedó intrigada ante mi actitud y después de un rato comenzó a reír, ahora que sé que ese ser no es una simple ilusión y sé que es completamente real anhelo poder estar en su presencia. Estuve a punto de comprar cigarrillos y más alcohol, pero no lo hice, compre todo lo que se me había encargado y algunos caramelos en lugar de adquirir esas sustancias que están acabando con mi vida, caminando de regreso a casa siento el dolor agudo en mi pecho y la falta de aire, el dolor es más intenso que las veces anteriores, solo me apoye a una pared y espere a que pasara, tratando de controlar mi respiración, una mano extendida me ayudaba a ponerme en pie y preguntaba que si estaba bien, era una mujer de exquisita belleza y por el tono de su voz supe que se trataba de mi ángel de luz —nos veremos después Arlechio—.
los rezos produciendo el eco entre las paredes, las flores que creían adornar mi ataúd lo hicieron ver aún más triste, reacciono para darme cuenta que sigo vivo y que voy caminando entre la sociedad que etiqueta lo que creen que somos, traigo puesto el maquillaje para ocultar mi verdadero ser, las lágrimas que comienzan a fluir no son suficientes para limpiar mi alma; veo a un niño que ríe frente a mí, con una mirada inocente pide que le regalen un caramelo, y del bolsillo derecho que aun esta sin romper, saque una paleta, la estaba guardando para regalarla a mi ángel de luz, las miradas de la gente no se apartaron de mí, la madre lo agarra de la mano y de un jalón impide que le dé el caramelo he intenta golpearlo, me quede inmóvil ante tal acción ¿el niño no tiene la culpa de su inocencia? al intentar hacer reír al niño, el ángel de luz hizo acto de presencia al otro lado de la calle, al parecer nadie más lo pudo notar solo el niño se percató también de ello, en su carita inocente se reflejó felicidad, comencé hacer la rutina de la noche anterior, un poco de esto, un poco de aquello, el niño comenzó a reír, la gente se acercó a ver el acto, hice algo de lo que aprendí viendo a mis compañeros, un poco de magia y acrobacias, por primera vez me aplaudieron y sin causarme ningún daño, el recuerdo de esos sueños dolorosos se fue junto con el tiempo. ¿Dónde fue mi ángel de luz? Al ver su radiante belleza me di el valor para realizar tal hazaña, removiendo la oscuridad que rodea mi corazón yo también comencé a reír. La madre se quedó intrigada ante mi actitud y después de un rato comenzó a reír, ahora que sé que ese ser no es una simple ilusión y sé que es completamente real anhelo poder estar en su presencia. Estuve a punto de comprar cigarrillos y más alcohol, pero no lo hice, compre todo lo que se me había encargado y algunos caramelos en lugar de adquirir esas sustancias que están acabando con mi vida, caminando de regreso a casa siento el dolor agudo en mi pecho y la falta de aire, el dolor es más intenso que las veces anteriores, solo me apoye a una pared y espere a que pasara, tratando de controlar mi respiración, una mano extendida me ayudaba a ponerme en pie y preguntaba que si estaba bien, era una mujer de exquisita belleza y por el tono de su voz supe que se trataba de mi ángel de luz —nos veremos después Arlechio—.
Llegando
al circo de nuevo muy alegre ante lo acontecido vi aquel domador que desapareció
en esa función en la que corrí peligro, estaba entrenando con el tigre otra
vez, me vio en la distancia solo soltó una sonrisa nerviosa y siguió con su
trabajo, a la orquesta del músico se integró un violinista y eso le dio mucho más
animo a todos los integrantes asombrados por su gran talento, y así todo el
mundo se preparó para dar un buen espectáculo.
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