domingo, 30 de abril de 2017

Paginas 49-50



Se escucha el golpeteo de una rama contra mi ventana, el viento es demasiado fuerte y me despierta, al fijarme a través del cristal, veo esa luz fugas que empieza adentrarse en el bosque y sin dudarlo corro sin soltar la rosa roja marchita, tropecé algunas veces, pero me levanté para seguir corriendo contra el viento. Esforzándome con cada paso que daba, los zapatos rotos no ayudaban en nada y mis ropas se rasgaban con las ramas, ya estaba muy lejos de los límites que marcaba el circo y muy decidido me adentre al bosque.

El viento susurraba palabras que desgarraban mi ser, palabras que la misma gente decía y sin importar lo que decía seguí corriendo, ya casi sin aliento llegue hasta los rosales, también había alcatraces y claveles en ese lugar y sentada sobre una roca estaba esa mujer con largas alas blancas, la misma mujer que había visto en las gradas y que por ella logre salir del apuro en el que estaba desvaneciendo mis miedos, no me atrevía a decir ni una sola palabra solo contemple su belleza, las heridas habían sanado y rosa que traía en la mano estaba llena de vida.

El viento se había calmado, las estrellas en el cielo se veían claramente el lugar estaba lleno de vida y de magia, todo era perfecto y el principal adorno era ese ser de luz radiante; y así como aquella vez, el ángel de luz radiante estaba a punto de irse… 

No sé qué hacer estoy nervioso y desesperado, no quiero que se marche; como pude empecé a moverme, involucrado el espíritu de payaso que habita dentro de mí; comencé a hacer cosas estúpidas, malabares con algunas rocas pequeñas y acrobacias, intentaba ser gracioso, hice cuanta estupidez se me ocurría sin importar que alguien más me viera hacer lo que estaba haciendo en ese momento, lo hacía para evitar que me dejara nuevamente viviendo en soledad, todo esfuerzo parecía ser en vano, sin embargo el ángel comenzó a reír, en su rostro se dibujó una gran sonrisa, la nariz roja se me había caído al suelo y comencé a regañarla y a decirle que no debe de hacer esas cosas y menos cuando hay una mujer muy hermosa enfrente de nosotros, levante la nariz y la puse en su lugar, eso le causo mucha gracia y unas palabras salieron de la boca de ese ser era un acento muy dulce —eres muy gracioso, nos volveremos a ver —dijo eso mientras emprendía su vuelo—.  

Mi respiración estaba muy agitanada por el esfuerzo hecho sin tener buena condición, no menciono su nombre lo llamare “ángel de luz radiante” perdí el conocimiento tengo la sensación de que menciono algo más antes de partir…

Los primeros rayos del sol me despertaron, el lugar seguía conservando parte de esa magia, me levanté y me dirigí al circo, todo el mundo seguía durmiendo, el maestro de ceremonias estaba sentado sobre una silla mecedora, pero permanecía dormido, el que me preocupaba mas era su hermano menor o como suelo decirle su gemelo malvado, supongo que sigue dormido, la puerta de mi remolque estaba abierta y todo regado, por las prisas de salir corriendo no la cerré fue lo primero que pensé.

Aunque no dormí bien es hora de hacer los deberes que me corresponden como cada integrante de este circo, esta vez todo lo realizo con una sonrisa llena de felicidad que no puedo contener lo único que anhelo es volver a ver a mi ángel de luz radiante.

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