El
gran guante color rojo me dio directo en el rostro, caí al piso empolvado del
escenario, las risas y los aplausos estuvieron ausentes, seguían en pánico, me
levante aturdido intentando caminar, y por la inercia termine yéndome de frente
contra la gente en la primera fila, me quitaron a empujones y de nuevo estaba allí,
listo para detener su pelea, sus golpes ahora eran más lentos pues simulaban muy
bien el cansancio, llegue regañando a los dos como si fueran niños chiquitos y al
terminar el regaño dijeron si señor está bien, como si estuvieran en el ejército
y salieron marchando del escenario; otro de los payasos estaba sentado comiendo
una naranja y cuando volteo a verlo se asusta y da un grito, yo me espanto y
digo: ¿qué paso? —Una araña hace un memento y un pelotón —no digo que por que
gritas —¡aaaah¡ es que me asuste —y ¿de qué te asustaste? Si es que se puede
saber — de la araña y el pelotón que acaba de pasar.
Y
así terminaba otro acto más lleno de improvisación, el silencio en el publico era
cortante sin embargo la sonrisa del hermano menor vestido igual que el jefe era
muy notoria y muy sombría parecía que su sonrisa estaba llena de maldad, los
siguientes actos siguieron hasta que termino todo el espectáculo.
—Muy
buena actuación la de hoy y que valentía Arlechio lo felicito — dijo la versión
malvada del jefe, su hermano menor—.
—Solo
hacia mi trabajo Sir. Por alguna extraña razón no dejaba de sonreír cruelmente,
pero lo que más me intrigaba era donde estaba el domador que desapareció del
escenario. —hoy ha sido un buen día ¿no lo crees Arlechio? —creo que es como
los demás días, no sé qué veía el de especial—.
Cuando
me dirigía a mi remolque grito el gemelo malvado: esa rosa que llevas contigo deberías
de tirarla y conseguirte una nueva es buena hora para ir a tu lugar de meditación
en el bosque, solo no tardes mucho la noche es muy peligrosa.
El
rechinido de la puerta al abrir me indicaba que estaba a punto de entrar a mi
ahora hogar, un escalón más y listo estaré descansando de todo a mi alrededor,
pensando en si lo que vi en las gradas fue el ángel de luz radiante o una
simple mortal que se parecía la única diferencia era que no irradiaba esa luz
entre el resto de la gente; pero donde estaba después de ese parpadeo se desvaneció,
por más que la busqué entre las gradas no estaba esa mujer.
Si
el tigre me hubiera atacado era una muerte segura, y el domador que desapareció
estoy seguro que está bien pues el tigre y el escenario no estaban manchados de
ese líquido rojizo que recorre nuestros cuerpos, solo mi torpeza fue la que me
puso en peligro y mi corazón latiendo muy rápido otro factor en contra, gracias
a Dios que estoy bien, que de alguna forma me guardo del peligro y que aún
conservo mi pellejo, sigo vivo.
Estoy
muy cansado como para salir a caminar, unos tragos de alcohol reducirían este
cansancio, la melancolía toma mi mano y me dirige hacia la avenida de la frustración,
la soledad me abraza dulcemente al mismo tiempo que el viento entra por mi
ventana susurrándome lo triste que esta mi corazón, la ansiedad me ínsita a
fumar, los nervios me invaden y el temor toca mi puerta; el miedo a esta
soledad que me destroza el alma, estoy agotado las fuerzas me van abandonando,
sin darme cuenta me quede dormido, el sueño donde me veo en mi ataúd solo en un
rincón donde todo mundo me ignora se hace presente, un sueño que me ha
atormentado mucho estos días, despierto de golpe y sostengo la rosa en mis
manos, recordando las palabras que me dijo el gemelo malvado; debería de ir por
otra rosa, estoy demasiado cansado para moverme, esperare al día de mañana para
adentrarme a ese bosque.
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