domingo, 23 de abril de 2017

Paginas 47-48



El gran guante color rojo me dio directo en el rostro, caí al piso empolvado del escenario, las risas y los aplausos estuvieron ausentes, seguían en pánico, me levante aturdido intentando caminar, y por la inercia termine yéndome de frente contra la gente en la primera fila, me quitaron a empujones y de nuevo estaba allí, listo para detener su pelea, sus golpes ahora eran más lentos pues simulaban muy bien el cansancio, llegue regañando a los dos como si fueran niños chiquitos y al terminar el regaño dijeron si señor está bien, como si estuvieran en el ejército y salieron marchando del escenario; otro de los payasos estaba sentado comiendo una naranja y cuando volteo a verlo se asusta y da un grito, yo me espanto y digo: ¿qué paso? —Una araña hace un memento y un pelotón —no digo que por que gritas —¡aaaah¡ es que me asuste —y ¿de qué te asustaste? Si es que se puede saber — de la araña y el pelotón que acaba de pasar.

Y así terminaba otro acto más lleno de improvisación, el silencio en el publico era cortante sin embargo la sonrisa del hermano menor vestido igual que el jefe era muy notoria y muy sombría parecía que su sonrisa estaba llena de maldad, los siguientes actos siguieron hasta que termino todo el espectáculo. 

—Muy buena actuación la de hoy y que valentía Arlechio lo felicito — dijo la versión malvada del jefe, su hermano menor—. 

—Solo hacia mi trabajo Sir. Por alguna extraña razón no dejaba de sonreír cruelmente, pero lo que más me intrigaba era donde estaba el domador que desapareció del escenario. —hoy ha sido un buen día ¿no lo crees Arlechio? —creo que es como los demás días, no sé qué veía el de especial—.  

Cuando me dirigía a mi remolque grito el gemelo malvado: esa rosa que llevas contigo deberías de tirarla y conseguirte una nueva es buena hora para ir a tu lugar de meditación en el bosque, solo no tardes mucho la noche es muy peligrosa.

El rechinido de la puerta al abrir me indicaba que estaba a punto de entrar a mi ahora hogar, un escalón más y listo estaré descansando de todo a mi alrededor, pensando en si lo que vi en las gradas fue el ángel de luz radiante o una simple mortal que se parecía la única diferencia era que no irradiaba esa luz entre el resto de la gente; pero donde estaba después de ese parpadeo se desvaneció, por más que la busqué entre las gradas no estaba esa mujer. 

Si el tigre me hubiera atacado era una muerte segura, y el domador que desapareció estoy seguro que está bien pues el tigre y el escenario no estaban manchados de ese líquido rojizo que recorre nuestros cuerpos, solo mi torpeza fue la que me puso en peligro y mi corazón latiendo muy rápido otro factor en contra, gracias a Dios que estoy bien, que de alguna forma me guardo del peligro y que aún conservo mi pellejo, sigo vivo.

Estoy muy cansado como para salir a caminar, unos tragos de alcohol reducirían este cansancio, la melancolía toma mi mano y me dirige hacia la avenida de la frustración, la soledad me abraza dulcemente al mismo tiempo que el viento entra por mi ventana susurrándome lo triste que esta mi corazón, la ansiedad me ínsita a fumar, los nervios me invaden y el temor toca mi puerta; el miedo a esta soledad que me destroza el alma, estoy agotado las fuerzas me van abandonando, sin darme cuenta me quede dormido, el sueño donde me veo en mi ataúd solo en un rincón donde todo mundo me ignora se hace presente, un sueño que me ha atormentado mucho estos días, despierto de golpe y sostengo la rosa en mis manos, recordando las palabras que me dijo el gemelo malvado; debería de ir por otra rosa, estoy demasiado cansado para moverme, esperare al día de mañana para adentrarme a ese bosque.

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