Se
escucha el golpeteo de una rama contra mi ventana, el viento es demasiado
fuerte y me despierta, al fijarme a través del cristal, veo esa luz fugas que
empieza adentrarse en el bosque y sin dudarlo corro sin soltar la rosa roja
marchita, tropecé algunas veces, pero me levanté para seguir corriendo contra
el viento. Esforzándome con cada paso que daba, los zapatos rotos no ayudaban
en nada y mis ropas se rasgaban con las ramas, ya estaba muy lejos de los límites
que marcaba el circo y muy decidido me adentre al bosque.
El
viento susurraba palabras que desgarraban mi ser, palabras que la misma gente decía
y sin importar lo que decía seguí corriendo, ya casi sin aliento llegue hasta
los rosales, también había alcatraces y claveles en ese lugar y sentada sobre
una roca estaba esa mujer con largas alas blancas, la misma mujer que había visto
en las gradas y que por ella logre salir del apuro en el que estaba desvaneciendo
mis miedos, no me atrevía a decir ni una sola palabra solo contemple su belleza,
las heridas habían sanado y rosa que traía en la mano estaba llena de vida.
El
viento se había calmado, las estrellas en el cielo se veían claramente el lugar
estaba lleno de vida y de magia, todo era perfecto y el principal adorno era ese ser de luz radiante; y así como
aquella vez, el ángel de luz radiante estaba a punto de irse…
No
sé qué hacer estoy nervioso y desesperado, no quiero que se marche; como pude
empecé a moverme, involucrado el espíritu de payaso que habita dentro de mí; comencé
a hacer cosas estúpidas, malabares con algunas rocas pequeñas y acrobacias,
intentaba ser gracioso, hice cuanta estupidez se me ocurría sin importar que
alguien más me viera hacer lo que estaba haciendo en ese momento, lo hacía para
evitar que me dejara nuevamente viviendo en soledad, todo esfuerzo parecía ser
en vano, sin embargo el ángel comenzó a reír, en su rostro se dibujó una gran
sonrisa, la nariz roja se me había caído al suelo y comencé a regañarla y a
decirle que no debe de hacer esas cosas y menos cuando hay una mujer muy
hermosa enfrente de nosotros, levante la nariz y la puse en su lugar, eso le
causo mucha gracia y unas palabras salieron de la boca de ese ser era un acento
muy dulce —eres muy gracioso, nos volveremos a ver —dijo eso mientras emprendía
su vuelo—.
Mi
respiración estaba muy agitanada por el esfuerzo hecho sin tener buena
condición, no menciono su nombre lo llamare “ángel de luz radiante” perdí el conocimiento
tengo la sensación de que menciono algo más antes de partir…
Los
primeros rayos del sol me despertaron, el lugar seguía conservando parte de esa
magia, me levanté y me dirigí al circo, todo el mundo seguía durmiendo, el
maestro de ceremonias estaba sentado sobre una silla mecedora, pero permanecía
dormido, el que me preocupaba mas era su hermano menor o como suelo decirle su
gemelo malvado, supongo que sigue dormido, la puerta de mi remolque estaba abierta
y todo regado, por las prisas de salir corriendo no la cerré fue lo primero que
pensé.
Aunque
no dormí bien es hora de hacer los deberes que me corresponden como cada
integrante de este circo, esta vez todo lo realizo con una sonrisa llena de
felicidad que no puedo contener lo único que anhelo es volver a ver a mi ángel
de luz radiante.