Capítulo 7
Despedida
El
dolor de cabeza es insoportable, tengo una fuerte resaca, el sonido de alguien
tocando la puerta me despierta, el reloj marca las 10:00 AM, la luz del sol
lastima mis ojos. Se vuelve a escuchar los toc-toc´s seguidos de una voz que
decía:
—Buen día Arlechio te encuentras dentro.
—Si me encuentro, ¿que se te ofrece? —dije con un poco de esfuerzo y una voz muy cansada—.
—El jefe me manda a que te dijera que necesita hablar contigo de algo muy importante —en seguida voy solo necesito un momento —después de escuchar eso el tramoyista de marcho—.
—Si me encuentro, ¿que se te ofrece? —dije con un poco de esfuerzo y una voz muy cansada—.
—El jefe me manda a que te dijera que necesita hablar contigo de algo muy importante —en seguida voy solo necesito un momento —después de escuchar eso el tramoyista de marcho—.
Es
muy rato que me hablé el jefe pensé, el sol salía después de unos largos días
lluviosos, me senté en el escalón de mi remolque y el panorama que veía era muy
triste, se estaban recogiendo todo, la carpa comenzaba a descender, todas las
luces habían sido quitadas, la esencia del circo yacía en el suelo, todo el
mundo estaba ayudando a poner todo en orden, los rumores eran ciertos el circo
se disponía a partir.
De la caja maltratada de cigarrillos tomé
uno y lo encendí mientras seguía observando ese panorama, el jefe a lo lejos me
veía a través de su ventana, acabado el cigarrillo me disponía a ir a su oficina
cuando al dar los primeros pesos caí al suelo muy débil. Acto segundo estaba
rodeado de personas, se escuchaba una voz que decía: denle espacio para
respirar —seguía gritando la misma frase con desesperación—.
Comenzaba a retomar fuerzas, —estoy bien es
solo por la resaca que tengo —lo decía para que me dejaran en paz—. La gente
que me rodeaba comenzaba a marcharse salvo un compañero payaso que me ayudo a
ponerme en pie y me llevo hasta el escalón en el que estaba sentado de mi
remolque, al levantar la mirada el jefe estaba frente a mi —de eso justo quería
hablar, estas en condiciones de viajar —dijo el jefe con tono de preocupación—.
Espere a retomar más aire para poder
responder —yo creo que si puedo viajar Sr. Esto es solo por una resaca —respondí
haciendo mucho esfuerzo—.
Mi cuerpo estaba muy debilitado, y mi mente
de la misma manera, la depresión me empezaba a invadir el alma los pros y los
contras comenzaron a hacer una revolución dentro de mi mente; si me iba nadie
me extrañaría pues estoy solo, además si me voy seguiré conservando el empleo,
pero… si me voy aun cabe la posibilidad de que el ángel de luz radiante regrese
y este lugar es muy agradable para mí. No tardó mucho en romperse el silencio
cuando el jefe volvió a hablar.
— Bien te doy el día de hoy para que lo pienses muy bien —después de decir eso se
marchó—.
La telaraña
dentro de mi cabeza tomaba formas extrañas: recuerdos de este lugar, recuerdos
de momentos que fui feliz, y sobre todo recuerdos de mi ángel, ese abrazo, ese
beso, y también esa despedida.
Con mucho esfuerzo me dispuse a recorrer el
lugar por si era la última ves apenas entraba la tarde así que tenía buen
tiempo, recorrí las calles de lo que tengo memoria, la calle donde
hice reír a aquel niño, la tienda donde compraba los cigarrillos, recorrí el
lugar hasta llegar a esa casa abandonada.
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