Ebrio
y debilitado en este cuarto donde las paredes se hacen cada vez más grandes,
hacen que vea la realidad que me rodea, que sienta esta soledad que me consume
en todo momento, recordando aquellas noches cuando las personas que me
señalaban me hacían mucho daño y me lleno de rabia, cada uno de sus insultos,
cada una de sus burlas, esos recuerdos suprimidos me atacan en este momento,
queda un último sorbo en la botella de alcohol y la arrojo contra el muro dando
un gran grito diciendo: ¡a donde has ido ángel mío! la tristeza se apodera de mi intento volver
hablar… pero, pero se me hace un nudo en la garganta, empiezo a escuchar el
sonido de una canción muy a lo lejos… es el violinista que fue despedido
tocando su última canción antes de marcharse para siempre de este pueblo. Esa canción
que toca trae muchos recuerdos de las tonterías que hacía durante el espectáculo
para hacer que la gente ría, cuando aún no sentía la ausencia de mi ángel de
luz radiante, ahora esa canción se ha vuelto la más melancólica de todas.
Las
lágrimas no se detienen mientras aquel muchacho toca tan tristes notas, me
encuentras encerrado y no hay escapatoria; recordando ese preciso momento que
no es fácil olvidar intento ponerme en pie pero mi cuerpo alcoholizado no me lo
permite, intento relajarme, mi sangre comienza a hervir de coraje, lo único que
siento es esta maldita desesperación quiero salir corriendo de ese lugar y gritar
lo más que pueda para desahogarme y adentrarme al bosque otra vez, directo a
donde están los rosales y esos alcatraces blancos, pero no lo hago por miedo a
que al llegar allí no esté mi ángel. Ya es suficiente con el hecho de que he
tenido una semana de mala, muy mala suerte, esto es un tormento para mí, el
tiempo parece transcurrir cada vez más lento, hace demasiado frio y no lo
siento. Por más que intento fingir ser feliz, simplemente no puedo esconder estos
absurdos sentimientos, sentimientos de dolor, de angustia, y de desesperación, justo
cuando empezaba a sentirme mejor se vino todo abajo y lo único que queda es
esperar.
El
sol está a punto de salir a una nueva mañana, desterrado de mi propia ilusión,
vacío, débil y tembloroso de camino a realidad, en el bosque de mis ilusiones
donde mis recuerdos están perdidos por el abismo de la vida, camino por
senderos llenos de realidad, de sueños que se perdieron en el recorrido de mi
vida, llego a las cascadas de mis deseos viendo como caen uno a uno, sigo
caminando a través de los susurros que dicen que estoy solo, y además la
enfermedad que brota de mi corazón retoma fuerza, camino hasta llegar a un
lugar desolado lo que antes era una parte mis ilusiones ahora es un desierto y
al otro lado logro ver como la esperanza se convierte en ese ser de luz que se
aleja involuntariamente, caigo en el torrente de la depuración que me arresta
hasta los límites de mis fuerzas.
El
miedo de no volver a ver a mi ángel de luz radiante consume mi esencia, mi
corazón entristece aún más, llorando en silencio donde nadie pueda verme, anhelando
poder estar entre sus brazos, anhelando escuchar su voz angelical, anhelando
poder perderme entre sus ojos deseando que esté bien y que su sonrisa no se
borre de su lindo rostro, deseo que encuentre lo que está buscando y que sea
feliz es y será lo único importante dentro de este recorrido a través de este
bosque… aparece constantemente entre mis sueños, pero desaparece cuando
despierto, su aroma sigue en mis recuerdos, recuerdos de un pasado que, aunque
fue corto fui feliz; le pido a Dios cada noche como esta que te cuide y te
proteja, con lágrimas en los ojos deseando que estés bien mi amado ser porque
yo sé que tú eres completamente real y que a pesar de estar bajo los efectos
del alcohol mi mente y mi corazón te siguen anhelando mi ángel de luz radiante.
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